Bordando a mi Estilo el PROYECTO No 8. El alma del Paisaje. Bordado Paso a Paso.
Proyecto No. 8
El Alma del Paisaje
Introducción
Hay paisajes que no se miran, se respiran. Son memorias que despiertan entre hilos, silencios y raíces. Este bordado nace de ese lugar donde la tierra conversa con el alma, donde cada puntada se vuelve una oración pequeña y el hilo, una línea de vida que une el cielo con las raíces.
“El alma del paisaje” no es solo una obra: es un viaje hacia el interior de la naturaleza y de uno mismo. Entre los tonos verdes, las montañas lejanas, el río que murmura y el tronco que aún sostiene su historia, la vida se revela en calma y contemplación. Aquí, bordar no es decorar: es sentir, sanar y recordar.
Inspiración y diseño
Todo comienza con la idea. En el primer video, la mirada explora de
dónde brota la inspiración: cada elemento tiene una historia, una energía. El
tronco sin hojas que aún respira, los micos que juegan sin miedo, una idea
tomada de una escultura ubicada en el Cañón de los Monos en el oriente ecuatoriano;
el río que conecta y limpia, la casa que guarda el calor del fuego, y el
arcoíris que une lo visible con lo invisible.
Esa idea se
transforma en diseño. El dibujo nace,
trazo a trazo, como una meditación sobre el papel. Es el primer soplo de vida antes del color. El diseño se convierte en un mapa del alma: un dibujo para colorear con hilos, paciencia
y emoción.
El bastidor: donde empieza todo
En el siguiente video, las manos
construyen el bastidor, ese rectángulo sagrado donde el mundo se contiene. Madera,
tela, y hebras de colores… todo encuentra su lugar. El bastidor es el espacio del encuentro, el
límite y al mismo tiempo la puerta al infinito.
El cielo, las nubes y el arcoíris
El siguiente paso es elevar la
mirada. El cielo se borda con cadena
abierta, una puntada que respira y deja pasar la luz. Las nubes nacen suaves, como pensamientos que
flotan. El arcoíris, con puntada cordón,
se alza como promesa y renovación: un
puente de color entre la tierra y el alma.
Las montañas y los árboles lejanos
El paisaje se forma desde el
horizonte. Las montañas, con puntada
larga y corta en forma radial, surgen como guardianas silenciosas del tiempo. Más allá, los árboles distantes se dibujan
con nudos francés, pequeños puntos de vida que evocan lo que está y ya no está,
lo que se mantiene firme, aunque parezca lejano.
Árboles lejanos, El mangostino y el muro de piedra
Luego aparecen los arboles lejanos, esos elementos de los cuales casi no se visualizan detalles y que se representan fácilmente con el nudo francés.
Luego un árbol frutal, El Mangostino, con mas detalle, lleno de textura y movimiento, bordado con diversas puntadas que dan cuerpo y sombra. Es símbolo de abundancia, de raíz y refugio.
El muro de piedra se alza detrás, como
una línea de protección y memoria. Se
borda de atrás hacia adelante, porque en la creación, como en la vida, todo lo
profundo debe sostener lo visible.
El jardín y las flores que florecen con el alma
La base del jardín se prepara con
paciencia. Primero las zonas que luego
se llenarán de flores, luego las plantas que crecen junto a la casa: bananos a
un lado, árboles frutales al otro.
La casa
El techo de paja, las paredes, las
ventanas y la chimenea van surgiendo una a una, como un hogar que despierta. Las
sillas, la escalera y el camino completan la historia. Todo cobra sentido cuando se siente la
presencia del hogar.
Otros elementos
Y allí, entre el jardín, un tronco
inmenso cortado: testigo de lo que alguna vez fue grande y vivo. Se borda no como ausencia, sino como memoria.
Las Rocas, el Río, el Puente y la Vida que fluye.
El
árbol y los micos
En el tronco principal, bordado con
puntada cordón, suben los micos, juguetones y curiosos. Sus cuerpos, hechos con puntada corta, representan
la alegría, la conexión, el espíritu libre que habita en cada creación.
Algunas Flores Tipo....
Las flores llegan después —lavandas, hortensias, tulipanes, girasoles, lirios—, cada una con su propio lenguaje, con su respiración hecha puntada.
El detalle final
El bordado continúa con un panal de abejas y algunas abejas en las flores cercanas, Plantas a borde del camino y finalmente,
las aves en el cielo.
El último hilo firma la obra, no
como punto final, sino como respiración profunda después del viaje.
Reflexión
final
Cada puntada es una semilla de
silencio. Cada color, un suspiro del
alma. En este proyecto, el hilo se
convierte en lenguaje, la tela en territorio, y el tiempo en un río que enseña
a fluir.
“El alma del paisaje” es la voz
interior que recuerda que toda creación es también sanación, que cada hilo
guarda una emoción, y que el verdadero arte no se mira, se siente.
“Bordar es dejar que el
alma escriba con hilos lo que el corazón calla.”
Bordando a mi Estilo – Diana Patricia,




Comentarios
Publicar un comentario
hola!!! Ayúdame a mejorar mi blog.
¿Falta algo? ¿Es interesante este contenido?